lunes, 18 de octubre de 2004

Invierno súbito.

Una chica morena paseaba llorando por mis sueños, casi he llegado a tocar su espalda cuando algo me ha despertado, el susto de la proximidad.
El cielo gris del otro lado y la pregunta en mi cabeza: ¿por qué duran tan poco - tan nada - la primavera y el otoño? Aún sigo sin entender que no existan tránsitos ni contemplaciones para pasar del verano al invierno y viceversa; los cambios estacionales son tan bruscos como esos sueños que me persiguen.

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